Atrapada en sus alas

 


Transitaba por la avenida Constitución, en su intersección con la gaza que cruza de Morones Prieto a la altura del Hospital Materno Infantil, en ese espacio puedes ver como el agua del río Santa Catarina corre en sentido contrario a los autos que pasamos por la avenida, de oriente a poniente. Además de observar algunas garzas postradas sobre las rocas, bebiendo agua y bañándose con sus alas. El río se ha convertido en un bosque lineal con árboles que son propios de la región y otros han nacido porque han bajado las semillas desde la Sierra Madre Oriental, se han postrado ahí muy cerca del río, árboles de gran altura. Durante mi paso por la avenida, a vuelta de rueda, a causa de la hora pico del tráfico interminable que se hace desde mi casa [un suburbio ubicado a poco más de 20 kilómetros] hasta donde trabajo. Son cerca de treinta minutos en llegar al centro de Monterrey, a una velocidad de 10 a 15 km. por hora. Bastante lento.

Escuchando el sonido de la radio, observé hacia arriba y pude notar algo que caía, que estaba sujetado de una cuerda pequeña, un hilo o un alambre, ¡qué sé yo!, un ave, “era un ave que estaba colgada del alambre de un puente”, a una altura de un poco más de 6 o 7 metros, sus alas abiertas, se veían claramente, pero yo no podía hacer nada, y creo qué, ya nadie podrá hacerlo, sin movimiento alguno, se veía que el ave estaba muerta, seguramente tenía ya días de haber fallecido. Cuánto dolor y desesperación habría sentido la pequeña ave, al no ser rescatada de su yugo, al ver a los autos pasar estando ella ahí atrapada de una cuerda. Cuánto tiempo estuvo ahí, sin ser vista por muchos, y los que la vieron, ignorándola, dejándola a su suerte. Desafortunadamente estas cosas suceden. 

Hay animales en todo el mundo que sufren ante las trampas que ocasionan los desechos que tiramos al suelo. Esta pobre ave estuvo ahí, me imagino que, tratando de zafarse, pidiendo ayuda a las demás aves que estaban a su alrededor, a los humanos que transitaban por ahí, pero nadie pudo rescatarle. Al final murió de sed, de hambre. Pedir ayuda, no fue suficiente. ¡Qué injusta es la vida!, suele pasar no solo con los animales, también con los humanos. Cuántas veces nos hemos sentido acorralados ante una situación difícil, queremos huir, buscar la salida, solicitar ayuda, a veces logramos salir adelante por sí solos, otras veces hay quienes nos apoyan. Una sociedad está condenada al fracaso cuando no es capaz de ayudar, respetar, valorar y cuidar a los demás seres vivos.


Fidel Cantú

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