El mal del cangrejo

 


La historia que hoy les voy a contar sucedió hace más de doscientos años, cuando dos navíos tripulados por piratas irlandeses, llegaron a un pequeño pueblo en las costas de Veracruz. Se dice que fueron ellos quienes trajeron el mal del cangrejo. Sí, un mal que acechaba a todo aquel que no cumpliera las indicaciones de su líder, un vikingo que medía casi los dos metros de estatura, conocido con el nombre de Halstein. 

Al principio los pobladores los recibieron con la amabilidad y humildad que los caracterizaba, pero cuando el líder empezó a dar órdenes, los pobladores empezaron a burlarse. Fue entonces cuando Halstein hizo ejercer su poder convirtiendo a dos pequeños niños que no obedecieron. Los pobladores se asustaron al ver a aquellos chamacos caminar hacia atrás, sin poder mirar el suelo, se toparon con cuanto objeto había tirado y caían, se levantaban y volvían a caminar hacia atrás, no podían voltear. La gente se manifestó contra Halstein, exigiendo fueran retirados los hechizos contra esos pobres niños, pero él se negó. El pueblo encolerizado por tal situación quemaron las naves de los piratas. Una lucha se desató ante la mirada de cientos de personas. Atraparon a Halstein. Mientras lo quemaban en una hoguera, él lanzó su última maldición: “Toda persona que toque con sus pies el suelo de este maldito pueblo caminará hacia atrás hasta internarse en el mar”. La gente reía al escucharlo, parece que habían olvidado lo que él les hizo a sus niños y la causa de su encolerizada venganza. Cuando murió Halstein, todos empezaron a caminar hacia atrás como los cangrejos, murieron ahogados en el profundo mar, otros cayeron por los acantilados destrozando sus cuerpos con las rocas, incluso los miembros de sus tropas que aún se encontraban ahí, se ahogaron.


Aquel pueblo quedó desolado y maldito por una leyenda que es conocida por El mal del cangrejo, perduró por muchos años. Un día, un pescador aventurero que, en algún libro había leído sobre aquella interesante historia, decidió ir en busca de la verdad. Buscando respuestas para entender porque había ocurrido semejante tragedia, así que, se lanzó al mar. Navegó poco más de dos días hasta que, desde lejos divisó al viejo pueblo pesquero. Antes de bajar de su barco, se colocó unos zancos para no pisar con sus pies el suelo. Estaba decidido a no correr riesgos, aunque le parecía una tontería todo eso de la leyenda, aun así prefirió no arriesgarse. Tenía un poco de temor mientras se internan en aquellas calles olvidadas. Caminando por el pueblo vio todo aquello perdido. Para su sorpresa vio a lo lejos a un viejo caminando con un bastón, tac, tac, se oía a cada paso que daba y hacía sonar su bastón tin, tin, al levantarlo del suelo, al lado de él, iban dos niños con sus caras pálidas y cansadas de tanto trajinar, iban caminando hacia atrás, lo observaban fijamente le pedían que los liberara de su maldición, que buscara una forma de volver a ser unos niños normales, pero el pescador sabía que esas almas estaban destinadas al sufrimiento eterno. Hizo caso omiso a las peticiones de los chiquillos y se adelantó con sus zancos, volteó para ver al viejo, y notó en él algo distinto, su tez blanca, su barba roja le hizo pensar que tal vez era el líder de los piratas, Halstein, que seguía ahí, en un bucle a causa de su hechizo. Ese movimiento de voltear lo hizo tropezar con un cangrejo que pisó con sus zancos, intentó esquivar la caída, pero fue inevitable, cayó tocando el piso con sus pies. Se levantó asustado, recordó la leyenda del mal del cangrejo que lo trajo hasta ese lugar, entonces sucedió que se regresó en el tiempo, convirtiéndolo a él en aquel líder que había tenido frente a sus ojos. Se dijo así mismo. Yo soy, Halstein. Se vio en el lugar donde estaba a punto de maldecir a los niños, y contuvo sus impulsos para no ejercer el hechizo. Vio a su alrededor, observó a la gente que iba y venía por el pueblo, caminando y disfrutando de sus vidas, había visto su futuro y no estaba dispuesto a causar tal daño. Se dio la media vuelta, reunió a su tripulación y se fueron del lugar, como si nada hubiera pasado.


FIN



Fidel Cantú

21 de mayo de 2025


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