Extraña presencia

 

Soy una chica de 18 años. Hace poco leí una historia que me causó una alegría enorme. Leí que los gatos son protectores. No creía que esto fuera una realidad, pero después de leer ese texto me animé a contar la mía.

Hace unos meses llegaba a casa muy cansada de mi trabajo, tomé una ducha, luego a cenar, leer un poco y después a dormir. De un tiempo acá empecé a sentir una sensación de miedo, ese sentir de que hay alguien ahí en la habitación, alguien que te acompaña, que no puedes ver, pero sí sentir su presencia. Muchas veces esto me impedía dormir pronto, porque sentía que ese alguien, o ese algo, me podría atacar, pero con el cansancio y el trajinar del día, pronto me quedaba dormida. Unos pocos minutos después de haber quedado profundamente dormida, sentía una opresión sobre mi pecho, una presión que no me dejaba respirar y que no me dejaba mover, me sentía despierta. Me daba cuenta de todo lo que ocurría a mi alrededor, pero esto que estaba sobre mí, no me permitía mover, no me permitía respirar con normalidad, quería gritar, quería salir corriendo, pero no era capaz, el terror y la opresión me invadían.

Cuando comenté esto con mis padres, ellos pensaron que tal vez era un problema de juventud, tal vez quería llamar la atención, sin embargo, me llevaron al médico, este dijo que tal vez era un desorden al comer antes de acostarme o la posición al dormir. Me dieron algunas pastillas para dormir mejor, para relajarme, pero nada de esto sirvió.

Eso qué me causaba tanto miedo, llegaba todas las noches. Para demostrar que no era solo un sueño o efecto de mi alimentación, sobre mi pecho dejaba marcas de morados, donde había sentado todo su peso. En mis brazos dejaba arañazos, donde se aferraba contra mí para no dejarme levantar de la cama. Cuando mis padres vieron esto, entendieron que no mentía y que en realidad alguien me visitaba en las noches. Dejé de tomar las pastillas.

La realidad es que no quería dormir, no quería sentir esa sensación de terror, esa sensación de miedo, esa opresión sobre mi pecho, la cual me hacía creer que iba a morir asfixiada, no solo era lo que sentía, era el frío que esto traía con él. Un frío que al día siguiente hacía sentirme enferma. No solo era la noche y sus visitas, era lo que dejaba en mi cuerpo. Algunos decían que era la parálisis del sueño, otros que un demonio incubó, pero la realidad es que para mí solo era un demonio que quería hacerme daño, que quería matarme, tal vez me robaba la energía, porque sus visitas me hacían un daño aterrador. Me sentía débil y enferma, sus visitas se hicieron más temprano, más frecuentes y duraderas, también más dañinas y aterradoras, mi peso bajó considerablemente, aquello no me dejaba descansar.

Un día mientras estaba en el trabajo, toda depresiva por el cansancio de no haber dormido nada el día anterior. Le conté a mi amiga lo sucedido y ella me dijo:

—Te voy a regalar un “minino”, tenlo en tu casa unos días y verás que todo va a cambiar para ti. Por la tarde, llegó a casa con un gato de apenas unos meses, super cariñoso y amigable. Congeniamos al instante. Esa misma noche aquello me visitó nuevamente. El gato corrió al lado de mi cama y dando maullidos, hizo que aquel peso desapareciera de mi pecho.

Cuando el gato llegó, yo sentí una ráfaga de viento, eso salió por la ventana dando un lamento de dolor. Desde aquel entonces no ha vuelto a visitarme. Ya tengo varios gatos, porque entendí que ellos me protegen, de aquello que no puedo ver que es, ni quiero saberlo. Nadie pudo darme una explicación. Después de leer la historia de que todos los gatos son protectores, me atreví a contar la mía, porque sé que esto es real, yo lo he comprobado.

 

Fidel Cantú

Comentarios

Entradas populares