Historia de dos hermanos

 

Villa de Santiago, es el nombre de un pueblo ubicado en un valle al sur de Monterrey. La villa tiene como escenario de fondo a la Sierra Madre Oriental, una cadena montañosa que recorre México desde el norte hasta el sur y de frente cuenta con una presa de agua dulce que se recolecta a través de los ríos que bajan de la serranía. Su agua es para consumo humano, pero también es parte de un ecosistema que alberga a muchas especies de animales y plantas.

En ese pueblo nacieron Gabriel y José, dos hermanos que desde siempre han estado unidos no solo porque llevan la misma sangre, sino porque además juntos han vivido historias fascinantes. Ellos están en la última etapa de sus vidas, pero aún son fuertes. La suma de sus años supera un siglo y medio.

Todas las tardes de jueves se reúnen en el café "El postre" que se encuentra justo en frente de la plaza principal. Desde ahí también pueden ver la parroquia de Santiago Apóstol e incluso llegar a ella subiendo una veintena de escalones, pero por ahora es imposible para ellos. No pueden escalar tanto. José usa bastón para sostenerse y Gabriel tiene debilidad en sus piernas. Aun así, ellos siguen avanzando.

Un día de primavera mientras tomaban su café. Ellos platicaban de sus anécdotas de juventud, recordaron las cabalgatas que hacían los domingos por los caminos a la sierra. Platicaban de las salidas a los bailes que organizaba el pueblo por las fiestas en honor a los santos.

Gabriel le comenta a José:

—Acuérdate de cuando bailabas huapangos con Rosa, la muchacha que te gustaba. Nunca te hizo caso y se matrimonió con Julio tu principal rival en la secundaria. ¡Ah cómo se vivían peleando!, allá iba mi pobre padre a pelearse también con el padre de Julio, porque llegabas a casa todo golpeado y con moretones en la cara.

—Claro que me acuerdo y no se me olvida que tú no metías las manos para defender a tu hermano. Solo te quedabas viendo. Bonito recuerdo tengo. Te quedabas cruzado de manos, y yo ya en el suelo, hasta te gritaba para que me lo quitaras de encima. Comentó José.

—No hermano, si sabes bien que yo no provocaba esos pleitos, tú mismo te los buscabas. Así que, yo no tenía por qué meter las manos. Dijo Gabriel sin preocupación alguna.

Las pláticas entre ambos hermanos eran frecuentes. Se veían al menos una vez por semana en el mismo lugar. Pero un día, mientras José lo esperaba, Gabriel no llegó. La sangre le recorrió más rápidamente. Pensó que algo grave le había ocurrido, pues él nunca faltaba. Le gustaba ir a ese antiguo café. Él disfrutaba mucho de platicar con su hermano. Tenía dos años menos que él. José no se explica porque faltó a la reunión. Luego de esperar un rato, a lo lejos vio venir a su sobrino Francisco que caminaba lento, pero se dirigía directo hasta donde estaba él sentado. Llegó y la saludo efusivamente. Después con una tristeza profunda en su rostro le dio la dolorosa noticia de que su padre Gabriel, se encontraba gravemente enfermo en un hospital de Monterrey.

—Pero ¿qué le ha pasado a tu padre? Mi hermano. ¿Cómo está?, ¿de qué se ha enfermado? -José le pregunta a su sobrino, con la mirada sorpresiva que le ha causado la noticia.

Dos meses estuvo en la cama del hospital. Lo atendieron en todo lo necesario para salvarle la vida, pero eso no sucedió. Un derrame cerebral había causado su problema de salud. Su vida fue apagando poco a poco.

¡Gabriel ha muerto! fue la noticia más impactante que recibió José al enterarse de que su único hermano ya no estaría con él.

La cafetería que frecuentaban no será el mismo lugar sin su hermano. Esas platicas de sus recuerdos han quedado ya en el aire, ahora solo están con él. ¿Quién le acompañará ahora que su hermano se ha ido? ¿Con quién hablará ahora de sus historias? A partir de ahora todo cambiará para él. Todo será diferente con su hermano ausente.


Fidel Cantú

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