Lo que nos dejó la abuela antes de morir.

 

Antes de que la abuela falleciera entramos a su cuarto para despedirnos de ella, era la última vez que la veríamos con vida. Su cuerpo estaba ya muy delicado y, además, destinado a morir. Cuando murió fue un día triste para todos. La abuela tenía su carácter, aun así, sentíamos en el fondo que nos amaba. Le despedimos con mucho dolor y lloramos su muerte, sin duda extrañaremos su presencia. Al regresar a casa del panteón pudimos percibir que las cosas olían a la abuela, es raro porque anteriormente no lo habíamos notado. Ese olor a perfume de rosas, a lavanda en su cuarto, el olor a alcanfor en el ropero era muy intenso, su ropa estaba impregnada al igual que sus objetos personales. Sus cabellos se encontraban en el cepillo que utilizaba para peinarse Al paso de los días, mi madre seguía hurgando entre las cosas de la abuela. Ella lloraba cada vez que veía algo pues le traía a la memoria un recuerdo. No quería aún deshacerse de lo que había en su recámara, porque ella lo cuidaba todo con mucho esmero. Todas las abuelas, al menos eso pienso, guardan todo lo que llega a sus manos, lo hacen porque en su mente está escrita la frase “Esto me puede servir” y es entonces que se llenan de cosas que van escondiendo en cajas, botes, bolsas y hasta debajo del colchón.

La abuela se ha ido, no regresará, nos ha dejado una casa con más de mil cosas, que tenemos que revisar poco a poco: álbumes de fotos, cajas con trozos de telas, botes con más de 100 cosas adentro, medicamentos en buen estado y otros ya caducados, vasijas de todo tipo en la cocina, roperos con prendas de todos los colores, monedas y billetes antiguos ya devaluados, cajas con peines, adornos y perfumes de olores diversos En los cajones del buró hay jabones y botellas de shampoo, toallas de baño guardadas sin estrenar, tejidos y bolas de hilo, hilados para bordar, hasta en el armario había ropa de cuando éramos niños, entre otras cosas, un montón de objetos y recuerdos que ella dejó en la casa.

Husmeando en los cajones me sentí como ladrón abriendo los que estaban cerrados con llave. Entre un montón de cosas encuentras tu propio pasado, recordando tu infancia. De todo lo que vimos en su recámara, hubo algo que nos causó emoción. La abuela tenía un bote grande que al abrirlo quedamos todos sorprendidos. El bote no era muy grande, pero tenía en su interior una colección muy valiosa. Mi madre al abrirlo echó a llorar, se sentó sobre la cama, colocó una tela y dejó caer en ella miles de botones de distintos colores, era algo que nos sorprendió a todos. ¿Por qué la abuela había guardado botones en ese bote?, era una colección bastante considerable de estos. Los había de todos colores y tamaños, bonitos y horribles. ¿Por qué la abuela nunca tiraba ningún botón?, por si acaso, por si se ocupa. Ahora recuerdo bien algunos de estos botones, pues cuando uno se caía de mi camisa o de la blusa de mi hermana, mi abuela los reparaba tan pronto como le fuera posible, sustituyéndolos por otros nuevos, mientras que los que quitaba los iba guardando, o cuando la prenda ya no se utilizaba, se quitaban los botones y se hacían trapos para limpiar muebles. La abuela nos dejó muchos recuerdos y estos permanecerán ahí, en la mente, en el corazón, por el resto de mi vida.


Fidel Cantú


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