¡Pequeño bribón!

Caminaba unos cuantos pasos
detrás de mi padre. De vez en cuando levantaba la mirada para no perderle de
vista. Él se detenía en algunos puestos del mercado de Villaseca al que fuimos
para comprar fruta, verdura y algunos otros artículos de conveniencia que mi
madre le había encargado. Yo, me entretenía viendo los juguetes. No podían comprarme
ninguno, por el momento no había dinero para eso. Lo tenía muy claro. Primero
la comida, luego la diversión. Ese día mientras lo acompañaba entre el tumulto
de gente, tomé del piso un soldadito de plástico color verde que estaba ahí,
arrumbado, lo eché a la bolsa de mis pantaloncillos cortos y subí la mirada. Vi
a mi padre, que en ese mismo instante venía hacia mí. Y dijo:
—¡Devuélvelo!, eso que tomaste
del piso no es tuyo, tiene dueño. Yo le veía a la cara. Estaba enojado, molesto
y con un correctivo insistente, volvió a decirme.
—Te estoy diciendo que devuelvas eso
que tomaste del piso, dáselo al señor que te está viendo cómo robas su
mercancía.
—Volteé hacia el local donde
había tomado el juguete, él señor me miró, entonces fue que saqué de mi
bolsillo, estiré mi mano y entregué aquel juguete que no era mío.
—Usted disculpe al chamaco, se le
hizo muy fácil tomar lo que él creía que no tenía dueño, pero aprenderá a no
volver a agarrar lo que no le pertenece, de eso me encargo yo. Le dijo mi padre
al comerciante de forma seria y desilusionado de mí. Nos dimos la media vuelta
y seguimos caminando. Yo iba detrás de él. ¿Cómo fue que papá me vio?, él
estaba ocupado comprando cosas. ¡Ahora veo que está siempre al pendiente de
mí!, aun y cuando crea que me deja al olvido, él me cuida, aunque todo el
tiempo parece no hacerlo. Está ahí al pendiente de lo que hago con o sin
malicia.
Al llegar a casa. Mi padre coloca
sobre la mesa las bolsas de tela con todos los insumos que compró en el
mercado. Entre él y mi madre colocaron en la alacena y en el refrigerador todos
los productos. En ese momento, cuando ponían todo en su lugar, mi padre le
contó del incidente.
—¿Qué crees que hizo este bribón?
y entre regañadientes me miraba con molestia, como si yo debía de reconocer que
había cometido un error al echar sobre la bolsa de mi pantalón el objeto, en
vez de entregarlo al vendedor.
¡Pequeño bribón!, fue una frase
con la que abrió sus comentarios. Yo, al otro lado de la cocina, escuchando
claramente. “Bribón, mi padre me llamó "bribón”, ¿Qué es eso?, ¿por qué me
dice que soy un pequeño bribón?”, lo de pequeño me ha quedado claro, tanto por
la edad como por la altura.
Pero ¿bribón?, busqué en el
diccionario la palabra para saber por qué me había llamado así, a lo cual leí “persona
que es astuto, que utiliza artimañas para engañar o cometer delitos menores,
persona que roba”, y lo entendí todo, me ha llamado bribón, porque he
intentado robarme algo, pero yo no lo veía de esa manera, yo había visto en el
piso algo tirado y supuse que no era de nadie, por eso lo tomé. Mi padre me ha
dicho que regrese el objeto y lo hice. ¿Cómo se le llama a eso entonces? cuando
regresas algo que te encuentras tirado?
Pregunté a mi madre y me
contestó.
—Se llama honestidad. No debes
tomar nada que no haya sido comprado o adquirido con el esfuerzo de tu trabajo.
Espero no suceda más, ¿queda claro? Me dijo con palabras mucho más suaves que
las que me dijo papá. Desde ese entonces, cuando voy con mi padre al mercado,
procuro no tomar nada. No quiero ser un bribón. Ni ahora, ni nunca. He aprendido
la lección. Si al menos todo mundo fuera como mi padre, no habría nadie robando
en las calles, no habría asaltos y nadie se preocupará por dejar sus cosas sin
sentir temor a que alguien más lo tomará.
Fidel Cantú


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