Recuerdos de tormenta
Cuando era niño esperaba con ansias la temporada de lluvias, sobre todo aquellas cuando se aproximaba una tormenta, porque me gusta ver el cielo cuando se ilumina con luces electrizantes, escuchar cuando los sonidos estruendosos hacen temeroso a cualquiera que se acerque a una ventana.
Pasaba siempre que, cuando llegaba la tormenta, cortaban la luz en toda la colonia, encendían las velas y nos poníamos a jugar con las manos formando sombras de objetos o animales, todas las figuras eran irreconocibles, tratamos de adivinar, pero no sabiámos bien que tratamos de hacer con las sombras, era solo un juego de niños.
De alguna manera mis padres nos cuidaban y nos entretenían, aunque en el fondo veía a mi madre preocupada de que no nos pasara nada, cubría con sábanas los espejos, no sabía por qué lo hacía, pero ahora entiendo que era una tradición, muchos lo hacían para que los rayos no entrarán y destruyeran con su fuerza nuestra casa.
Llegaban las tormentas fuertes, pasaban rápidamente, siempre con el miedo de que a su paso no trajera granizo o viento fuerte y ocasionara algún destrozo. Después, cuando todo terminaba, recuerdo que un aire fresco entraba por la ventana de nuestro cuarto, haciendo que nuestro sueño se sintiera tranquilo y placentero.
Así recuerdo a las tormentas de mi infanci que llegaban durante la primavera o el verano, ahora ya, todo es incierto. Si no llueve pronto, aparecerán los incendios y esos no perdonan nada, se propagan rápidamente, y a su paso van acabando con la vida silvestre, con los ecosistemas, dejándolo todo hecho cenizas. El cambio climático se siente cada año que pasa, más cerca, más temeroso de una sequía o de un gran vendaval que arrase con todo. Si no se actúa pronto los daños serán cada vez más notables.



Comentarios
Publicar un comentario