El dolor es el precio

nos daban permiso de salir a la calle a jugar,
nos advertían de los peligros que había si nos alejamos,
un día de tantos regresé a casa con un raspón en la rodilla,
mi madre sentía el dolor como propio,
pues noté que mi llanto le hacía sufrir a ella también,
recuerdo que colocó un poco de mertiolate en la herida,
puso una venda o curita, y me advirtió
ten más cuidado al andar corriendo.
Sus palabras y sus curaciones aliviaron pronto mi dolor.
Hoy a mis poco más de cuarenta años y medio,
por situaciones de descuido o "pendejez",
como le quieran llamar,
caí de rodillas, lastimándome.
Volvieron a mi aquellos recuerdos
en los que mi madre
me enseñó a cuidar de mí,
a aliviar mis heridas,
a atender mi sufrimiento,
pero me hicieron falta sus palabras de aliento,
ver su cara de preocupación,
poder atender un poco mis heridas
no las que se hicieron en mis rodillas
sino las que llevo adentro, en mi corazón,
pues es ahí donde va el dolor
que ha provocado en mí
su ausencia.
El dolor es el precio que tenemos que pagar
solo los que hemos aprendido a amar.
Un café, solo uno está vez,
ya mañana veremos si tomamos dos,
o nos vamos por ahí
a emborracharnos tu y yo! ☕
Fidel Cantú


Comentarios
Publicar un comentario