Cuento disparatado: Los 7 príncipes y Blancanieves


En un castillo muy, muy lejano vivían siete príncipes a quienes los delataba su hermosura y encanto por su forma de vestir. Solo tenían un pequeño detalle, su estatura, la cual no superan el metro y medio de de los pies a la cabeza, además de eso, tenían un comportamiento bastante infantil. Su padrastro los detestaba, no podía verlos ni en pintura.

Un día, mientras se afeitaba su barba frente a su amigo el espejo le preguntó 

—Dime espejito, ¿quién será el dueño y señor de este hermoso castillo? 

—Tú, serás tú el próximo rey y gobernarás a todo el pueblo- le respondió el espejo.

y así durante algunos meses le preguntó al espejo cada vez que se afeitaba.

Pero, un día, el espejo que estaba harto de que los príncipes pasaran frente a él, discutiendo y peleando, incluso arrojando comida a su delicado cristal, le dijo al padrastro —uno de los príncipes será el nuevo rey de este castillo y tú, serás encarcelado en las profundidades del calabozo.

—Estás seguro de lo que me dices espejo- respondió el padrastro.

—Sí, esa es la verdad, ¡tú no serás rey!

—¿Quién?, ¿cuál de todos los enanos será?- preguntó el padrastro.

—Eso no lo puedo saber, solo sé que tú no serás el rey— le dijo el espejo, con la firme idea de que se deshiciera de todos ellos.

Ante tal situación que le molestaba mucho, el padrastro preparó una de sus mentiras, con engaños reunió a todos los príncipes para darles la noticia de que su madre, la reina había desaparecido del castillo, y que la última vez fue vista montando un caballo e internándose en el bosque de las hadas oscuras. Los príncipes desesperados por ir en busca de su madre, pidieron a su padrastro que los acompañara, pero él se negó, diciendo que el castillo no puede quedar solo sin gobernante, y entonces ordenó a sus sirvientes que ensillaran a los fiordos (una raza de caballos noruegos adquiridos por el reino para entrenar a los príncipes el arte del ecuestre). Los príncipes salieron del castillo antes del amanecer y se internaron en el bosque, en el cual existe la leyenda de que aquellos que se aventuran a lo desconocido no regresan, jamás. Pero los valientes e intrépidos príncipes no dejarían sola a su madre. 

Ya en el bosque el ambiente se tornó gris y oscuro, el miedo se fue apoderando de las mentes de los valientes príncipes. A lo lejos observaron una casa con una luz amarilla, en una de sus ventanas, fueron atraídos por el humo que expedía una chimenea, el olor era delicioso, el camino recorrido les causó cansancio y hambre, así que no dudaron en entrar a la casa, cuando lo hicieron observaron un cálido hogar y a una muchacha que estaba dormitando en un sillón era tan bella que los príncipes quedaron atolondrados. La nombraron Blancanieves, porque su piel era muy blanca. Por un minuto se quedaron mirándola, luego se dieron cuenta que el hambre era mucho más, así que, se dirigieron a la cocina, y comieron todo lo que había reparado la bella doncella antes de quedarse plácidamente dormida. Al terminar con todo el banquete, los pequeños y hermosos príncipes sintieron una somnolencia que los hizo caer al piso, uno a uno. Cuando todos cayeron dormidos, la joven Blancanieves agradeció que la nombraran así, porque nunca antes le habían puesto un nombre. Pero eso no le impidió continuar con su malvado plan. Debía acabar con los mocosos, chiflados y engreídos príncipes tal como le había anunciado su padre el futuro rey del castillo, y que además lo haría porque ella sería la princesa anhelada por el pueblo. 

La doncella cerró con llave la cabaña y salió de la casa, iría con su padre para avisarle que su plan había funcionado. Dejó a los príncipes dormidos y atados por sí alguno de ellos despertaba del hechizo. 

Una bruja que pasaba por el lugar observó por la ventana a los jóvenes. Ingresó por la chimenea y  con un beso fueron despertados por el mal aliento de la mujer. Se asustaron al verla, pero ella les dijo que no la juzgaran por su aspecto nauseabundo, sino por el buen corazón de ayudar a los necesitados.

—Pero si eres una bruja fea-. dijo uno de los príncipes.

—Sí, lo soy, pero no me impide hacer las buenas acciones que puedo hacer por las personas. Contestó.

—No, eso lo sabemos, puesto que nos has despertado del hechizo.

—Y, diganme que hacen aquí encerrados en la cabaña y atados.

—Fue Blancanieves, ella nos tendió una trampa. Sabía que teníamos hambre y comimos de lo que ella hizo.

—Ah, ¡ya veo!, se refieren a la mujer blanca, la que es hija del rey del Castillo.

—¿Como dice usted? Ella es hija de nuestro padrastro.

—Sí, y además es una maldita. Fue quien me puso las verrugas en mi cara, la que me arrugó la cara y la que me hechizó para que nadie se enamorara de mi.

—Los príncipes se quedaron atónitos ante la declaración que escuchaban de la bruja. Así que todos decidieron regresar al castillo para enfrentar a su padrastro y de paso capturar a Blancanieves. La bruja les otorgó poderes para que terminaran con ellos. 

Montaron a su minihorses. Les llevó tres días, doce horas, siete minutos, 29 segundos llegar al castillo. Cuando entraron por la puerta. Gritaron al unísono el nombre de su padrastro. 

—¿Qué escándalo es este?, ¿quién está haciendo tremendo alboroto?- La reina bajaba las escaleras y gritaba nuevamente. Lo hacía en defensa de su paz y tranquilidad.

—Ah! pero sí son ustedes, ¿en dónde se habían metido?, llevo más de diez días buscándolos.

—Madre, ¡estás con vida!, nos alegra tanto, contestó el mayor de los príncipes.

—Sí, estoy viva. Estaba en mi habitación viendo una serie de Netflix, eran más de cien capítulos, no me podía perder ninguno, pero, ¿por qué lo preguntan?

—Porque tu noble señor, el padrastro nos ha engañado, nos dijo que habías desaparecido  y fuimos a buscarte al bosque.

—¿Cómo? ¿vienen del bosque de las hadas?, ¿por qué no me buscaron en mi habitación? preguntó su madre. 

—Porque nos engañaron, y a ti también madre.

—¿A mí?, ¿por qué o qué?, ¿qué me hicieron?

—El padrastro tiene una hija mala que vive en el bosque, ella y su padre planean quitarte el reinado.

—Ah, ja, ja, ja, ya veo! No, no, no se preocupen. Esta mañana lo corrí del castillo, porque vino a visitarla una joven que dijo ser su hija, pero no, a mí no me engaña nadie. Este cabrón andaba besuqueandose con ella. Así que, le dije a los guardias que lo echaran a la calle, y que rompieran el espejo ese. Yo no sé qué obsesión tiene con ese espejito. Nomás mirándose y hablando con él. Se volvió loco. Igual que los chamacos, que no sueltan su celular ni para ir al baño.

—Y a Blancanieves, ¿qué le hiciste?

—Ella estará bien. Solo la dejé encerrada. Unos días, nada más para que se le quite, que no debe mentir a la reina.

—Por cierto, ustedes también, ¡guardias! Encierrenme a estos mocosos, desobedientes. 

—Pero madre, nosotros no hicimos nada. Fuimos a buscarte, luego regresamos a defenderte.

—¡No me importa! Uno de ustedes será rey algún día, pero tienen que madurar y aprender como ser el mejor.

Los príncipes fueron llevados al calabozo del castillo para que aprendieran bien la lección, que no es otra más que “investigar antes de actuar” 


FIN



Fidel Cantú

26 de febrro de 2025


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