Perdido en un sueño

—¿Dónde están mis zapatos?, ¿quién me los robó? Mi coche, ¿dónde está mi coche?, ¿en dónde estoy?, ¿qué hago aquí? Traté de recordar lo que hacía antes.
Caminé un poco más, sosteniendo mis manos en aquellos árboles tan grandes que estaban sobre mí. Toqué mi cabeza. Estiré mis cabellos. La sangre se había secado. Mis manos se mancharon con un tono rojo oscuro, como el color del vino tinto. Tal y como si hubiese magullado algunas uvas. Seguí caminando, buscaba una salida, un indicio del por qué estaba ahí, perdido en ese bosque.
—¿Fue un asalto?, ¿intentaron robarme?, o peor aún, ¿quisieron matarme? Si así fue, al menos sobreviví. Estoy vivo. Perdido tal vez, pero vivo.
Seguí caminando sin saber si me estaba alejando de la carretera o tratando de llegar a ella. Después de un tiempo, volví a ver mi reloj, marcaba ya las 12:55 de la tarde. No sé por qué me han dejado aquí. Al cabo de todo este tiempo, tengo tantas preguntas y ninguna respuesta.
A las 16:00 horas, por fin había llegado a un punto que reconocí de inmediato. Era el mismo lugar donde antes había visto la luz encendida. Voltee a ver si el coche seguía ahí, y para mi sorpresa, ahí estaba, tan intacto como el sentir del ronroneo de mi gato justo al lado de mi almohada despertándome.
Fidel Cantú


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