Una caricia en un sueño


El fin de semana anterior fue diferente, tenía ya tiempo de no caer enfermo y en esta ocasión terminé en la cama, con un dolor estomacal y una infección que provocó una diarrea interminable, creo que ese malestar es de los que te desaniman, te dejan sin fuerzas. Ante la debilidad, sin apetito alguno, sin tener gusto por tomar al menos una taza de café, una pieza de pan, nada, no había humor para el desayuno mucho menos para el almuerzo.  

Como todos los sábados asistimos a casa de mi suegra a desayunar y para convivir con ella un rato por la mañana, al llegar no dejé de hacer las visitas al baño siendo estas muy frecuentes. Después de haber tomado algunas pastillas para contrarrestar el desastre en mi intestino, decido recostarme un rato para dormitar. La temperatura interna me hace soñar, delirar, me despierto, tomo un paracetamol para bajar la calentura . Me siento mal, y duermo mucho. De pronto siento que una mano se extiende en mi frente, imagino que mi madre me ha tocado para saber como estoy, que ella está al pendiente de mí, que vuelvo a sentir su presencia.

—¿Cómo estás hijo?, yo, aun dormitando en mi sueño, le contesto.

—Bien, estoy recuperándome, me siento mal… pero voy a estar mejor. Despierto y veo a mi suegra al lado mío que está preguntándome lo mismo que pensé me preguntaba mi madre. Ese momento en el que agradezco tener el apoyo de un amor igualmente valioso. Sentir y escucharla preocupada por mi estado de salud, es como volver a sentir que mi madre está conmigo. 

Todas las madres son iguales, no eligen a sus hijos, les han sido enviados para que ellas los protejan, cuando alguna falta, siempre habrá alguien más ahí, que te de amor y cuidado. Me recuesto nuevamente y dormito otro rato más. Cuando despierto aun siento el dolor pero es menos intenso.

Regresamos a casa, tomo el medicamento y sigo durmiendo hasta horas de la tarde-noche, despierto consumo algo de alimento, no mucho, porque mi cuerpo no se siente aún con apetito.

Al día siguiente despierto con otro semblante, el dolor ha pasado, pero el cuerpo débil ha perdido nutrientes y posiblemente peso, aunque no se vea reflejado en apariencia.

El motivo de este relato, es para recordar que en tiempos de enfermedad siempre habrá quién esté a tu lado, quién te de la mano y se preocupe por ti, deseando que sanes pronto.

Nadie está solo, todos tenemos a alguien que ya no está físicamente pero que continúa en nuestros corazones, y de alguna manera son guías que permanecen en uno hasta encontrar el otro punto, el lado sano de la enfermedad.

La manifestación de ese amor se da a través de las personas que están cerca de ti, las que te abrazan, te dan cobijo y te alimentan para que logres sanar tan pronto como sea posible. Ese amor es infinito y perdurable porque logra que tú lo manifiestes de la misma manera.


Fidel Cantú


Comentarios

Entradas populares