Ejercicio: Si vienes solo, el café es gratis.

 


Instrucciones para realizar el ejercicio de escritura creativa. 

Lean el texto de abajo, a partir de esa lectura planteen un encuentro de Clara con alguien, quien sea, podrían ser ustedes, o ustedes podrían ser Clara. Debe ser, básicamente un diálogo, pero con introspección del personaje o de los personajes, con planteamiento de apertura y cierre que cuente un hecho particular.

Este es el texto para tomar como referencia:

En una calle tranquila, entre una tienda de antigüedades y una librería, había una pequeña cafetería con un letrero peculiar en la ventana:

“Si vienes solo, el café es gratis.”

La dueña, Clara, era una mujer de 45 años con delantal de lino y una risa fácil. No lo hacía para atraer clientes. Lo hacía porque recordaba muy bien lo que era sentarse sola en una mesa, mirando el móvil para no parecer invisible.

La regla era simple: si entrabas solo, el café no tenía precio. Y si querías, Clara se sentaba contigo.

Con el tiempo, lo que empezó como un gesto se convirtió en una tradición del barrio. La cafetería se llenaba de personas que venían solas… y que se iban acompañadas. Había quien encontraba un amigo, quien se animaba a compartir un poema, quien se sentaba a pintar o a leer en voz alta.

Clara mantenía un cuaderno en el mostrador, donde los clientes podían dejar mensajes para los siguientes. Había frases de ánimo, chistes, direcciones de música para escuchar, e incluso dibujos.

Un día, un hombre mayor escribió: “Hace tres años que no hablaba con nadie más de cinco minutos. Hoy, he hablado una hora. Gracias.”

La cafetería nunca se hizo rica. Pero sí famosa por otra cosa: la pared del fondo estaba cubierta de fotos de personas que, gracias a un café gratis, dejaron de sentirse solas. Clara decía que el truco no era el café. Era la silla vacía que siempre estaba lista para alguien. “A veces, la compañía se sirve en taza pequeña… pero dura toda la vida.


Producto realizado

Título: El novio de Clara


—Hola, estoy buscando a Clara. Soy Fernando, reportero del New York Times he venido acá para conversar con ella sobre este famoso lugar. ¿Le puedes hablar por favor?

—Buen día Sr. Fernando. Tome asiento, en una de las mesas, ya le digo que usted ha venido y que quiere entrevistarla. Espere un momento, que ahora mismo ella está conversando con alguien más.

Dijo Sylvia, la mesera que había contratado Clara para que sirviera los cafés, mientras ella acompañaba a los solitarios personajes de su cafetería.

—No, no he venido a entrevistarla, verá usted señorita, yo soy un amigo de la secundaria, me he enterado de este lugar y he venido a verle.

—Oh, ya veo, es usted un excompañero de escuela. Pues seguro le dará mucho gusto verlo. Enseguida le aviso que está usted aquí.

Cuando la mesera se acercó a Clara y le comentó de la visita inesperada de Fernando ella volteó inmediatamente, se le notó sorprendida. Había dejado de hablar con Fernando hacía mucho tiempo. Desde que fueron juntos al baile de graduación. En ese entonces Fernando le había propuesto que fueran novios, pero Clara que era apenas una jovencita, rechazó su propuesta y huyó del lugar. Se alejó de su vida y no lo contactó jamás. Clara dejó de conversar con el cliente y se dirigió con Fernando, que lo esperaba en una mesa y una silla vacía, después de todo ese era el concepto del lugar. Al llegar, saludó y abrazó a Fernando.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? Preguntó Fernando con una luz en sus ojos que se le cristalizaron por el hermoso recuerdo que tenía de ella.

—Más de treinta. Contestó con cierto nerviosismo, no había otra forma de expresarse. Había atendido a muchos clientes en ese local, pero jamás a alguien que le trajera recuerdos en un instante.

—Y sigues guapísima. Siéntete por favor, ¿gustas un café?, es gratis. Le dijo él en tono de risa picara y como una forma de romper el hielo.

—Claro que sí, es gratis porque has venido solo, como todos ellos.

—Dime, ¿me has extrañado todo este tiempo?

—¿Extrañarte?, no había tenido noticias tuyas desde hace mucho, seguro te casaste y formaste una bella familia.

—Sí, claro que lo hice, pero eso no resta que aun siga enamorado de ti.

—Vaya, ¡que sorpresa!, Esperaba que dijeras que te habías divorciado o separado de tu esposa, pero estás aquí siendo tan galante, diciéndome sí te he extrañado, ¿qué sigue ahora?, me vas a proponer que sea tu amante. Dijo Clara en un tono fuerte, tratando de mantener una postura de firmeza y decidida a no caer en provocaciones.

—No, espera. Viene a conversar contigo, como lo haces con todos los que han llegado acá. Tengo que decirte algo.

—Sí, entonces habla. Te escucho.

—Mi esposa falleció hace un año.

—Oh, ¡cuánto lo siento!, mis condolencias.

—Sí, gracias. Bueno y mis dos hijos han hecho sus vidas, y se han ido de casa. Y yo, no he dejado de amarte. Pero, no vengo a solicitarte una segunda oportunidad. Aquel entonces éramos solo unos niños, yo tomé la iniciativa de proponerte que fueras mi novia, y sé que tal vez me precipité. Pero ahora es distinto, quiero hacer las cosas bien contigo. Claro si no sales huyendo como aquella vez.

—Ja, ja, ja, sí lo recuerdo. Clara se río ante ese comentario que le trajo a su mente.

—Mira, te propongo que sigamos viéndonos aquí, o donde tú quieras, conversar y después, solo después de que te decidas a no perder más tiempo para regalarme un poco de tu amor.

Clara lo vio a los ojos y siguió notando en él la mirada tierna que tenía cuando era su amigo de secundaria. Solo se limitó a decir:

—Te espero aquí el día de mañana y todos los demás días a la misma hora. Si faltas uno solo, con un solo día, lo nuestro que está por iniciar, se acabará. ¿Lo entiendes?

—Sí amor. Lo entiendo perfectamente. Dijo Fernando emocionado por la respuesta que acababa de escuchar, mientras ella se sonrojaba, porque era la primera vez después de mucho tiempo que nadie le había dicho: “Sí amor”

Fue así como Clara decidió brindarse una nueva oportunidad con quien pudo haber sido su primer novio.

Fin


Fidel Cantú

14 de Agosto de 2025

 

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