Relato. Promesas. Capítulo 1.



Capítulo 1: La carta del atardecer

La casa de campo estaba envuelta en silencio, salvo por el canto lejano de los grillos y el crujir suave de las vigas de madera. El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. En el balcón, Lucía sostenía una carta entre los dedos, ya leída, pero aún viva en su mente.

Era de Elías.

Habían pasado tres años desde que él partió, siguiendo una promesa que solo él entendía. Decía que debía encontrar algo que había perdido en su infancia, algo que solo los caminos antiguos y los pueblos olvidados podían devolverle. Lucía lo había esperado, primero con esperanza, luego con resignación, y finalmente con una melancolía que se volvió parte de ella.

Pero esa carta... tenía algo distinto.

“El lugar que buscaba existe,” decía. “Y tiene nombre. Se llama El Valle de las Luciérnagas. No está en ningún mapa, pero sé que tú podrías encontrarlo. Si decides venir, sigue el sendero que nace detrás de la casa, justo donde florecen las dalias. Camina hasta que el cielo se vuelva violeta y las luciérnagas te rodeen. Ellas te mostrarán el resto.”

Lucía bajó la carta lentamente. El atardecer parecía escucharla. El viento acariciaba su mejilla como si la empujara suavemente hacia una decisión. ¿Era posible que Elías hubiera encontrado un lugar mágico? ¿Y que la invitara a seguirlo?

En ese momento, una luciérnaga solitaria apareció entre las hojas del rosal, flotando con una luz suave, como una señal.

Lucía sonrió apenas. No era una sonrisa alegre, sino una que contenía años de recuerdos, dudas y una chispa de fe.

Entró a la casa, dejó la carta sobre la mesa, y se puso su vestido de lino azul. El mismo que usaba cuando caminaban juntos por los campos. Luego, sin mirar atrás, bajó las escaleras y se dirigió al jardín.

Las dalias estaban allí, como siempre. Pero esa tarde, parecían inclinarse hacia el sendero, como si supieran que algo estaba por comenzar.


Continúa en el Capítulo 2.

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