Relato. Promesas. Capítulo 2


Capítulo 2: El sendero violeta

Lucía caminaba con pasos lentos, como si cada uno deshiciera un hilo de su pasado. El sendero detrás de la casa, que siempre había parecido un simple camino de tierra, ahora tenía algo distinto. Las dalias se inclinaban suavemente, como si saludaran su paso, y el aire olía a lavanda y tierra húmeda.

El cielo comenzaba a cambiar. El naranja del atardecer se fundía con un violeta profundo, como si el día se rindiera ante la noche sin pelear. Lucía sintió que el tiempo se aflojaba, como si el reloj del mundo se hubiera detenido solo para ella.

Entonces aparecieron.

Primero una, luego tres, luego decenas de luciérnagas flotando a su alrededor. No era una danza caótica, sino una coreografía silenciosa. Formaban figuras en el aire, como si dibujaran palabras que no se podían leer, pero sí sentir. Lucía cerró los ojos un momento, y al abrirlos, el sendero ya no era el mismo.

El bosque que rodeaba la casa se había transformado. Los árboles eran más altos, sus hojas brillaban con tonos azulados, y entre sus raíces crecían flores que nunca había visto: pétalos que parecían hechos de cristal, tallos que emitían un leve zumbido. El aire estaba lleno de murmullos, como si el bosque susurrara secretos antiguos.

Lucía siguió caminando, guiada por las luciérnagas. En el centro del bosque, encontró un claro. Allí, bajo un árbol de ramas plateadas, había una pequeña cabaña con techo de musgo y ventanas redondas. La puerta estaba entreabierta.

Dentro, sobre una mesa de madera, había otra carta.

Lucía la tomó con manos temblorosas. Esta vez, la tinta era dorada.

> “Si has llegado hasta aquí, es porque aún crees. El Valle de las Luciérnagas no es un lugar, es un recuerdo compartido. Entra, descansa, y deja que el bosque te muestre lo que olvidaste.”

Lucía respiró hondo. Algo dentro de ella se movía, como una emoción que no tenía nombre. Entró en la cabaña, y al hacerlo, el bosque pareció suspirar.

Continuar en el Capítulo 3.

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