Relato. Promesas. Capítulo 4





Lucía lo miró en silencio. Elías parecía distinto, pero no por el tiempo. Había algo en su mirada, como si hubiera visto cosas que no se pueden contar con palabras. Él se acercó despacio, como si temiera romper el momento.

—Este lugar... —dijo— no lo encontré. Me encontró a mí.

Lucía frunció el ceño suavemente. Elías se sentó frente a ella, junto a la lámpara azulada.

—Cuando partí, no sabía qué buscaba. Solo sentía que algo faltaba. Caminé por pueblos que ya no existen en los mapas, dormí bajo cielos que cambiaban de color sin razón. Y una noche, cuando ya pensaba rendirme, apareció él.

—¿Quién?

—El guardián del Valle.

Lucía sintió un escalofrío leve, no de miedo, sino de misterio. Elías continuó:

—No tiene forma fija. A veces es un zorro con ojos dorados, otras veces una anciana que habla en canciones. Me dijo que el Valle solo se abre a quienes han perdido algo que no saben nombrar. Y que para entrar, debía recordar lo que me unía a ti.

Lucía bajó la mirada. El recuerdo del campo de girasoles, la promesa bajo el árbol, la carta... todo cobraba sentido.

—¿Y por qué me llamaste ahora?

—Porque el Valle está cambiando. El guardián dice que cuando dos corazones que se han perdido se reencuentran aquí, algo florece. Algo que puede sanar no solo a nosotros, sino al mundo que olvidó cómo recordar.

Lucía se levantó. Afuera, las luciérnagas se agrupaban en espirales más intensas. El bosque parecía respirar con ellas.

—Entonces vamos —dijo—. Quiero conocer al guardián. Quiero recordar todo.

Elías sonrió. Y juntos salieron de la cabaña, tomados de la mano, mientras el Valle se abría ante ellos como un libro antiguo que por fin volvía a leerse.


Continuar en el Capítulo 5


Comentarios

Entradas populares