Relato. Promesas. Capítulo 7
Capítulo 7: El jardín que recuerda
Gael se instaló en una pequeña cabaña que el Valle le ofreció, construida entre raíces vivas y ramas que se tejían solas al caer la noche. Cada día, él dibujaba lo que veía: criaturas que solo aparecían al amanecer, árboles que susurraban nombres olvidados, y la flor de Lucía y Elías, que ahora se había convertido en un jardín entero.
Pero este jardín no era común.
Cada flor que brotaba contenía un recuerdo. No solo de ellos, sino de personas que nunca habían pisado el Valle. Lucía encontró una flor que mostraba a su madre cantando una canción antigua en la cocina. Elías vio a su abuelo tallando madera bajo una lluvia suave. Gael descubrió una escena de su infancia que no recordaba: él, en una plaza de Monterrey, dibujando con crayones mientras una mujer le contaba historias sobre estrellas que caían para cumplir promesas.
El guardián apareció una noche, esta vez como una nube con ojos brillantes.
—El jardín está listo —dijo—. Ahora puede enviar recuerdos.
Lucía frunció el ceño.
—¿Enviar?
—Sí. El mundo ha olvidado cómo recordar con el corazón. El Valle puede ayudar. Cada flor que nace aquí puede viajar, como un suspiro, como un sueño. Llegará a quienes más lo necesitan.
Esa noche, las luciérnagas se elevaron en espirales doradas, llevando consigo pétalos luminosos. Volaron más allá del bosque, más allá de las montañas, hacia ciudades donde la gente había dejado de mirar el cielo.
Y en esos lugares, alguien despertó con un recuerdo que no sabía que tenía. Una canción, una imagen, una emoción. Algo que los hizo detenerse, mirar al horizonte, y sentir que aún había magia en el mundo.
Continuar en el Capítulo 8


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