Adaptación: Pinocho con botas

Ejercicio 1. Adaptación del cuento
entre Pinocho y El gato con botas.
Título:
Pinocho con botas
En
una noche de luna brillante, Pinocho caminaba por las calles del pueblo donde
vivía, escuchaba los maullidos de los gatos que se deslizaban por los tejados.
Al llegar al final del camino se internó en el bosque. Pinocho había escapado
de su cuento, estaba cansado de ser el niño que aprende lecciones, él quería
algo más, una historia en donde él pudiera elegir sus aventuras.
En
el bosque encontró una taberna extraña, con tejados rojos y una extraña figura
a lo alto que tenía la forma de un ratón. Decidido a enfrentarse a todo, entró
y observó que en ella había un grupo de gatos que reían a carcajadas. El
culpable de hacerlos reír era un gato elegante que les contaba hazañas y
aventuras que había tenido en sus vidas pasadas. Usaba un sombrero con una
pluma plateada, pero lo que más le sorprendió fueron sus botas que brillaban
como si caminara sobre un manto de estrellas.
—¿Eres
tú… el Gato con Botas? —preguntó Pinocho, con ojos de asombro.
—El
mismo de carne y hueso—respondió el gato, haciendo una reverencia al muñeco de
madera que se paró frente a él—. ¿Y tú? ¿Quién eres? no pareces de por aquí.
Pinocho
explicó que venía de otro cuento, uno donde siempre era el que aprendía de sus
errores, el que debía arrepentirse, el que debía cambiar todos en su vida. El
Gato lo miró con curiosidad gatuna.
—¿Y
sí esta vez fueras el héroe? —dijo, mientras le ofrecía un par de sus botas
mágicas—. Acompáñame. Hay un monstruo que ha robado la voz de los cuentos. Sin
ella, nadie podrá volver a leernos.
Así
comenzó una aventura que no estaba escrita en ningún libro. Pinocho, con sus
nuevas botas mágicas y un corazón que latía por primera vez sin hilos. Cruzó
castillos, ríos y aldeas donde los cuentos se habían olvidado, debido a la
furia del monstruo, que atacaba a sus mentes.
El
Gato con Botas le enseñó a engañar sin mentir, a luchar sin violencia, y a
contar historias que curan las almas de los pueblos. Pinocho, por primera vez,
no era un niño de madera que quería ser real. Era un narrador, uno de verdad que
transformaba lo imposible.
Al
final, cuando recuperaron la voz de los cuentos, el Gato le dijo:
—No
todos los héroes nacen con espadas. Algunos nacen con preguntas.
Y
Pinocho, con una sonrisa tallada en esperanza, regresó a su cuento. Pero esta
vez, no como el niño de madera que se equivoca, sino como el que transforma
todo aquello que es imposible alcanzar.
Autor: Fidel Cantú
Texto realizado en el Taller:
Escritura salvaje de cuentos para niños
Mtro. Antonio Ramos Revillas
Septiembre 2025


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